martes

El Pensamiento Lateral, Vertical y Holístico


Nuestro cerebro usualmente enfrenta los problemas desde el lado racional. Fundamentamos nuestras respuestas por lo aprendido con una base histórica y con un enfoque plenamente lógico, pero en muchos casos será importante abordar ciertas circunstancias con otra óptica.
El término "Pensamiento Lateral" fue acuñado por Edward De Bono, en 1967, para diferenciarlo del pensamiento lógico, al cual llamó “Pensamiento Vertical”. De Bono encuentra en el pensamiento lógico que es fundamentalmente hipotético y deductivo, una gran limitación de posibilidades cuando se trata de buscar soluciones a problemas nuevos que necesitan nuevas ideas.acertijos
Los dilemas del pensamiento lateral son situaciones extrañas para nuestro cerebro y requieren una explicación. Cuando exponemos algo que debe ser resuelto, parecen muy difíciles de solucionar, pero al final, al conseguirlo, generan gran placer de logro. Pensar lateralmente evitando lo lógico o lo obvio se podrá convertir en una excelente herramienta para enfrentar viejos y nuevos problemas con nuevas ideas. El Pensamiento Lateral actúa liberando la mente del efecto polarizador de las viejas ideas y estimulando las nuevas y lo hace mediante la astucia, la creatividad y el ingenio, procesos mentales con los que está profundamente unido. En vez de esperar que estas tres características se manifiesten de manera espontánea, De Bono plantea el uso del pensamiento lateral de manera conciente y deliberada, como una técnica.

El Pensamiento Vertical

Guilford, en 1951, clasificó el pensamiento productivo en dos clases: convergente y divergente. El pensamiento convergente se mueve buscando una respuesta determinada o convencional y encuentra una única solución a los problemas que suelen ser conocidos. Es el pensamiento lógico, convencional, racional o vertical.

Mientras tanto el pensamiento divergente se mueve en varias direcciones en busca de la mejor solución para resolver problemas a los que siempre enfrenta como nuevos, sin mantener patrones de resolución establecidos, pudiéndose así dar una generosa cantidad de resoluciones adecuadas en vez de encontrar una única y correcta, como lo mencionamos anteriormente.

El Pensamiento Holístico

Holismo es la palabra que describe la tendencia de la naturaleza a crear conjuntos mediante el ordenamiento o agrupación de muchas unidades. En 1927 el mariscal de campo Jan Smuts, experto agrónomo y militar acuñó el término “Holismo” en su libro "Holism and Evolution".

El pensamiento holístico percibe las cosas en su conjunto y no analiza sus partes. Ve el bosque más que los árboles
. Según Smuts, las realidades básicas naturales son conductos irreductibles que no es posible separar para analizarlos según sus componentes sin perder su cualidad "holística".

Este tipo de pensamiento es muy importante para el desarrollo de la creatividad pues permite a los líderes, directivos, científicos o artistas a considerar las distintas situaciones y oportunidades como un "todo". Los líderes empresariales deben ver las situaciones como un todo, para así evaluar la incidencia de los diferentes impactos independientes o relacionados en el gran impacto se genera sobre el resto y el todo.

El trabajo en equipo es un concepto holístico con resultados sinérgicos. En un equipo cohesionado, el todo es mayor que la suma de sus partes. El director de orquesta tiene la responsabilidad sobre el "todo", cada uno de sus músicos ejecutan la parte de la partitura que les corresponde. El Director de Orquesta debe tener el pensamiento holístico sobre sí mismo, sobre el resto, sobre el todo.

El conocimiento sistémico una esperanza para el ser humano


El hombre entendió y aplicó el conocimiento de la realidad de una manera aislada.
Parece ser que el hombre por su ignorancia, no pudo manejar ni comprender todas las variables de la realidad, por tanto comenzó a conocerla de una manera parcial, limitada y distorsionada, entendió las disciplinas, la espiritualidad y las diferentes ciencias tanto fácticas, formales y sociales de manera separada.

La economía actual no tiene en cuenta la ecología ni la psicología.
Para la cultura occidental, se entiende la economía separada de la ecología y resulta que los recursos naturales son la principal fuente de recursos económicos, la economía actual ha llevado al hombre a depredar el medio ambiente y por eso hoy en día, el mismo hombre se está enfrentado a la destrucción de su planeta y de él mismo; también podemos ver que la economía actual no tiene en cuenta la psicología y resulta que los hombres, son los que le dan el significado a las cosas y además son quienes elaboran y prestan los bienes y servicios. En la economía actual, los negocios más rentables parecen nacer de la enfermedad mental y son: las armas, las drogas, la prostitución, la pornografía, la superstición, los juegos de azar, la vanidad y el espectáculo, curiosamente todo aquello que significa ilusión. Si las personas no tienen salud mental, seguramente todos los bienes y servicios que realizarán, van a estar enfocados en satisfacer necesidades de una distorsionada y enferma percepción de la realidad.
El derecho no tiene en cuenta la psicología.
El derecho actual trata de organizar una sociedad basada en las percepciones individuales de unos legisladores, que no tienen el más mínimo conocimiento del comportamiento humano, lo que ocasiona errores fatales de injusticia social, como por ejemplo: pensar que una mente enferma y antisocial, producto del mismo desamor de la organización social, va a cambiar y a mejorar a través de la absoluta violación de los derechos humanos en las cárceles.
El hombre es el único ser de la naturaleza que se ha salido del sistema de vida.
El hombre es el único elemento que no está sincronizado y en armonía con toda la naturaleza y se ve reflejado en la destrucción del medio ambiente a través de la contaminación y depredación del ecosistema.
El origen del problema según la teoría científica.
Esta teoría argumenta que durante el proceso de la evolución del conocimiento o en el proceso de la construcción de la cultura, es decir: al ir descubriendo el hombre su entorno, obviamente se iba a equivocar en su percepción de la realidad, simplemente porque era un ser ignorante y por tanto no tenía una base de datos con la cual reconocer ni comparar todo lo que se le presentaba y al ir descubriendo con un método de prueba y error, obviamente iba a adquirir una percepción de la realidad limitada, distorsionada y separada, porque para él era imposible manejar todas las variables de la realidad y del sistema general.
El conocimiento sistémico una esperanza para el ser humano
Pero lo más importante es que hay una esperanza para el hombre, si en este momento es humilde y relaciona todo el conocimiento que nos brinda la ciencia, las diferentes disciplinas, las espiritualidades, podrá darse cuenta que la realidad es un sólo sistema de vida, y que él puede pertenecer a este sistema de manera racional.
Hoy en día el hombre está relacionando diferentes conocimientos.
El hombre de hoy, gracias a sus avances y conocimiento, cada vez puede tener un mejor manejo de todas las variables de la realidad, que lo llevan en el caso de la medicina a reconocer que la psiquis del hombre puede crear una enfermedad física en el cuerpo, a lo que se llama somatizar las preocupaciones o depresiones. La medicina comienza a reconocer que la mente y el estado de ánimo de los pacientes, influyen tanto en los síntomas de un enfermedad física como en su curación.
El conocimiento sistémico nos ayuda a transformar la realidad
El conocimiento sistémico nos lleva a entender más ampliamente toda la realidad y las diferentes variables de ella, para poderlas modificar y así obtener el resultado que queremos, nos ayuda a confrontar los diferentes conocimientos para confirmar el funcionamiento del sistema general y descubrir las leyes naturales, espirituales y del comportamiento humano, el hombre debe comenzar a relacionar la biología, la psicología, la ecología y las ciencias sociales, para construir una sociedad que realmente esté de acuerdo con el sistema general de vida, debe comenzar a relacionar la psicología, la espiritualidad, la medicina y la ecología para conocer realmente


Autor: Francisco Galiano Marín

Equilibrio de Nash y Pensamiento Sistémico


«Si hay un conjunto de estrategias con la propiedad de que ningún jugador puede beneficiarse cambiando su estrategia mientras que los otros jugadores no alteren la suya, entonces ese conjunto de estrategias y sus beneficios correspondientes constituyen un equilibrio».


John Forbes Nash.
Non-cooperative games (1950).
Premio Nobel de Economía (1994).
Tesis doctoral de J.F.Nash (original)

Desde cierto punto de vista se podría considerar que el equilibrio de Nash está más próximo al Pensamiento Sistémico que la idea del cada cual para sí mismo de la mano invisible de Adam Smith. El cada cual maximiza sus ganancias como principio rector de las decisiones individuales frente a la idea de tener presente las decisiones de los demás.

Mediante su importante contribución a la Teoría de Juegos creada por John von Neumann y Oskar Morgenstern (una tesis doctoral de apenas 27 páginas que fue la base de sus trabajos posteriores y le reportó el Premio Nobel de Economía en 1994 compartido con John Harsanyi y Reinhard Selten, una vez superada una grave enfermedad mental como retrató la película Una mente maravillosa de Ron Howard) John Nash justificaba que «lo que beneficia al grupo, beneficia al individuo», una idea-fuerza en las antípodas de Adam Smith y de su obra La riqueza de las naciones donde se postula su famosa metáfora «al buscar satisfacer sus propios intereses, todos los individuos son conducidos por una “mano invisible” que permite alcanzar el mejor objetivo social posible. Por ello, cualquier interferencia en la competencia entre los individuos por parte del gobierno será perjudicial».

Sin embargo esta contradicción puede no ser tal desde una perspectiva sistémica, donde la realidad no se ve como una línea recta del tipo causa-efecto sino como un círculo donde causa y efecto se influyen y retroalimentan mutuamente. Esta visión es habitual en el Pensamiento Sistémico donde la realidad se percibe como un todo interconectado. De este modo la afirmación «lo que beneficia al grupo, beneficia al individuo» de John Nash o su contraria «lo que beneficia al individuo, beneficia al grupo» que se deduce de la metáfora de la “mano invisible” de Adam Smith no serían ideas antitéticas sino complementarias desde un punto de vista sistémico, porque, al fin y al cabo ¿dónde comienza un círculo?.

La idea-fuerza subyacente al equilibrio de Nash es sencilla y elegante: incluso en “juegos no cooperativos” donde no existan pactos que cumplir, existen oportunidades para buscar equilibrios que beneficien al conjunto de los jugadores en tanto en cuanto ningún jugador se beneficia cambiando su estrategia mientras los demás no cambien la suya, que es tanto como decir la búsqueda de un óptimo en el sentido de que la elección estratégica de cada jugador es la respuesta óptima a las elecciones estratégicas de los demás jugadores.

Ahora bien, alcanzar tal equilibrio no es fácil. Para empezar hay que desterrar la idea de unilateralidad. El equilibrio de Nash es incompatible con una elección unilateral. En mi opinión esto tiene profundas implicaciones sistémicas en el sentido de que destierra explícitamente algunas idealizaciones de la búsqueda del óptimo entendido como resultado de una elección unilateral, individual. Evidentemente amigo lector si usted se encuentra conduciendo un vehículo en Inglaterra no pretenda conducir por su derecha de manera unilateral con el pretexto de que eso es lo óptimo dado que en el resto de Europa se conduce por la derecha. Es más que probable que además de una multa o un accidente se encuentre en el ojo del huracán de un caos circulatorio provocado por su romántica idea de encontrar un óptimo a partir de una decisión unilateral. Para comenzar deberá reconocer que el juego de la conducción de vehículos admite dos equilibrios de Nash. Conducir por la derecha o por la izquierda. Simple. Que sea más óptimo un equilibrio que otro dependerá de la costumbre, la cultura, los acuerdos, las leyes, etc.

Si descartamos, con Nash, la idea de la unilateralidad como fuente de equilibrio tendremos que vérnoslas con la no menos fácil idea de la simultaneidad. “Puede que seas el único que lleva bien el paso, pero como los demás lleven el paso cambiado tienes un problema”. Sin simultaneidad en el cambio de estrategias no es posible encontrar un equilibrio de Nash, entre otras cosas porque siempre podría haber algún “espabilado” que se aproveche del grupo, haciendo como que alinea su decisión con la del grupo pero en realidad únicamente piensa en sí mismo, aunque, cuidado, la simultaneidad por sí misma no garantiza un óptimo para el conjunto, para el grupo. Esto mismo es lo que sucede en las situaciones de bloqueo donde dado lo que está haciendo el otro, ninguno de los dos quiere alterar su elección. Lo que más le conviene a uno depende de lo que haga el otro. Esta es una implicación profundamente sistémica. Desde esta perspectiva simultaneidad no significa telepatía, sino un “darse cuenta” de la interacción de mis opciones estratégicas con las del otro. Significa pensar en términos de co-afectación, co-inspiración, co-responsabilidad.

Ahora bien, no idealicemos el equilibrio de Nash pues por sí mismo no garantiza una decisión óptima para el conjunto. Recordemos que también existen fracasos colectivos derivados de decisiones racionales individuales pero irracionales para el conjunto. Recordemos sin ir más lejos la carrera de armamentos. Son elecciones óptimas desde la perspectiva individual, óptimos locales alejados del óptimo global. No nos confundamos: un equilibrio de Nash no presupone un juicio de valor sobre la bondad de la solución para todos los jugadores o sobre su impacto en el grupo en su conjunto. Precisamente porque se presupone tácitamente que el «cada cual para sí mismo» adamsmithiano sigue pesando en nuestra cultura occidental como principio rector de las decisiones de los demás. Es el castizo principio de piensa el ladrón que todos son de su condición o piensa mal y acertarás tan arraigado en la cultura popular.

Es por esta razón por lo que en el dilema del prisionero -un juego típico de “suma cero”- en los que los intereses de los jugadores están en estricta oposición, existe un único equilibrio de Nash: competir, acusar, traicionar al otro aunque esa solución sea colectivamente irracional pues los jugadores siempre salen perdiendo. En juegos donde exista un fuerte incentivo para que cada cual intente salirse con la suya el equilibrio de Nash anticipa que cualquier otro equilibrio será inestable mientras no se alteren los incentivos. En el dilema del prisionero se podría anticipar un atisbo de cooperación -equilibrio- si los presos -si pudieran comunicarse- decidieran una colusión para guardar silencio, pero este equilibrio sería inestable porque el incentivo de traicionar al otro estaría muy presente en el momento decisivo. Es por esto que el dilema del prisionero sólo puede resolverse en el contexto de un superjuego, es decir, un juego repetido. Felizmente la mayoría de juegos de la vida cotidiana son de “suma no cero” y esto significa que tenemos mucho margen de maniobra y muchos equilibrios de Nash a nuestro alcance, aunque no siempre la “solución” es evidente e inmediatamente reconocida por todos. Esto abre la puerta a la creatividad en la resolución de conflictos humanos.

En mi opinión, junto a las ideas de no unilateralidad y simultaneidad, la aportación sistémica del equilibrio de Nash se encuentra en la influencia que tienen las creencias -los modelos mentales que trataré en otra ocasión- para lograr una solución óptima global y en el reconocimiento de la vinculación profunda entre los jugadores que aún pretendiendo su ganancia máxima forman parte de un sistema mayor que la suma de sus intereses. La idea misma del equilibrio se fundamenta en la creencia implícita en la racionalidad de los otros, que deberían ser capaces de observar entre la gama de opciones a su disposición la que mejor encaja con sus intereses y con los del grupo en su conjunto.

Esta perspectiva sistémica trae aparejada la responsabilidad de comunicarse, aproximarse y entender las necesidades del “otro” ya que sin una interpretación correcta sobre las respectivas ideas de racionalidad no será posible el entendimiento y el «cada cual para sí mismo» dominará el juego. Esta responsabilidad pasa necesariamente por conocer en detalle cuál es el juego, quienes son los participantes, cuáles son sus opciones y sus preferencias y qué puede hacer cada cuál en función de las opciones y elecciones de los demás. Sobran los sobreentendidos y los acuerdos tácitos. Sin información correcta sobre el “otro” el juego está abocado al bloqueo o algo peor. Muchas guerras han nacido de una inadecuada interpretación de llamado “enemigo”. Esta responsabilidad se acentúa aún más si el “otro” pertenece a otra cultura, el “grupo” son los habitantes del mundo, la dimensión del “juego” es planetaria y existe un jugador que hay que tener presente si no queremos que termine el “juego” para todos: el medio ambiente. Porque, ¿hay alguien que crea que el medio ambiente es un jugador irrelevante, inerte y que no tiene preferencias?.

Así, cambiando de ámbito, para que la Alianza de civilizaciones patrocinada por el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero sea algo más que un contrapeso retórico de El choque de las civilizaciones de Samuel Huntington hará falta algo más que buenas intenciones. Tal vez habría que llegar a un equilibrio de mínimos sobre lo que cada cultura está dispuesta a compartir y también a renunciar en aras de un bien común universal. Y para comenzar quizá nada mejor que definir muy bien cuál es el juego, quienes son los participantes, cuáles son sus opciones y preferencias, lo que temen perder lo que esperan ganar. Es decir, buscando un equilibrio -global- de Nash. Fácil, ¿no?.

Pero no perdamos la perspectiva sistémica. Desde mi punto de vista la Alianza de civilizaciones y otras iniciativas similares son un sub-juego de un juego mayor y prioritario, un juego que podríamos titular Alianza por la Tierra, un juego que jugamos todos, todos los días y cuyo fracaso puede hacer irrelevante cualquier equilibrio de Nash en los juegos de poder entre civilizaciones, culturas, religiones, países o mercados, pues cualquier sub-juego que no tenga presente las preferencias de ese sistema mayor al que pertenecemos todos -el medio ambiente- está abocado a una miopía y un cortoplacismo irresponsable, porque cualquier equilibrio sostenible a largo plazo se fundamenta sobre la naturaleza, pues al fin y al cabo es sobre el tablero de este pequeño planeta donde se juega el juego de todos los juegos: el juego de la vida. Pero de esto trataré más adelante.

DE: http://jmonzo.blogspot.com/

sábado

La Trampa del pensamiento lineal


Los seres humanos somos seres que aprendemos y en este aprender vamos conservando o cambiando un mundo que surge constantemente de las interacciones que efectuamos entre nosotros. Este construir colectivo es un proceso biológico natural cuando se realiza por medio de situaciones de consensualidad, estableciendo dominios de conducta a través de interacciones recursivas que están determinadas por los cambios estructurales coherentes que en ellos se producen debidos a su propia plasticidad estructural.

Aprender en el educar como proceso biológico natural y normal se constituye cuando niños, jóvenes y adultos conviven con el otro creando espacios de convivencia donde sus maneras de vivir se van haciendo cada vez más congruentes. Esto se construye sobre la base de aceptarse y respetarse a sí mismos, aceptando y respetando a los otros. Por lo tanto, la educación es convivir con el otro en respeto y dignidad. (Maturana, Humberto. 1999).

Por el contrario, cuando el mundo que se construye no es sobre la base de la consensualidad sino de la imposición y la violencia. Del no respeto por el legítimo otro que se manifiesta en profundas diferencias sociales, opresión de unos por otros, guerras y marginalidad que va acompañado de una educación que estimo no natural y normal porque reproduce esta forma no social de vida.

Al reproducir la educación estas formas de relacionarse de los humanos en su no aceptación mutua y desconocimiento de la dignidad de cada uno, el aprendizaje no transcurre como un proceso biológico porque no es capaz de construir espacios de convivencias y los seres humanos se van haciendo cada vez más incongruentes, distantes unos de otros, competitivos, agresivos, buscando el éxito personal construido sobre la base de la derrota del otro.

El pensamiento lineal

El aliado principal en la educación en todos sus niveles -y en particular en las universidades- que transmiten formas de convivencia no sociales en el sentido que no son solidarias y de respeto mutuo, es lo que se denomina pensamiento lineal.

Esta forma de pensar implica sólo una mirada local, cercana al problema que se analiza, creyendo encontrar las causas y relaciones que originan los problemas desde la inmediatez de su cercanía, teniendo presente las propiedades de esos procesos que le dan origen de acuerdo sólo a ciertos cambios necesarios en su entorno inmediato. El observador que trata de explicar un proceso puede incluso ser capaz de observar desde distintos dominios cognoscitivos, pero por lo general son todos ellos locales, porque sólo atiende y comprende esas relaciones locales y no las configuraciones sistémicas que en realidad le dieron origen.

El pensamiento y la acción local es incoherente y no se corresponde con las coherencias sistémicas. Es por ello un pensamiento falso que destruye la convivencia humana porque construye formas de pensar y empuja a la acción fuera de la lógica sistémica al que el o los problemas pertenecen.

Esta forma de pensar raya en el enfoque computacionalista de pensar que niega la conciencia como algo fundamental para la cognición, y negar la conciencia, es decir el "yo" en el aprendizaje es negar al mismo tiempo la existencia de puntos de vistas coherentes, unificados y constantes desde donde pensamos, percibimos y actuamos. Ello facilita la consagración del pensamiento lineal porque impide observar los procesos humanos en el marco de sus relaciones lógicas estructurales. (Varela, Francisco. 1996).

La trampa principal del pensamiento local radica en su efectividad operacional en la construcción del hacer, en su dinamismo en el fabricar, en su capacidad del diseño ingenieril. El pensamiento lineal es atractivo porque sólo pone atención a sus tremendas capacidades operacionales concretas, resaltando con ello la racionalidad causal local porque la ve como el único origen de la eficacia y efectividad del quehacer cotidiano. Pero es un pensamiento tramposo porque pierde de vista el contexto relacional sistémico donde sólo tiene sentido lo local. Olvida que el sentido de lo local se adquiere en la medida que se lo entiende integrado a una totalidad del cual forma parte. No hay que olvidar que lo local es la manera de existir de determinados atributos de la totalidad.

El pensamiento lineal ha transformado a la competencia como si fuera un fenómeno biológico natural, como si fuera el fundamento de la conducta social, haciéndonos olvidar que la sociedad es la naturaleza del ser humano, donde en convivencia, solidaridad y cooperación encontró siempre todo lo que lo humanizaba. El paso de la emulación cooperadora a la competitividad que ignora al otro y su correlato en la forma de pensar, - el pensamiento lineal-, transformó a la competitividad de fenómeno cultural a un fenómeno biológico constitutivo de la naturaleza humana.

La competencia es antisocial: ella ha creado abundancia para algunos y miseria para la mayoría; ha permitido la producción con apropiación exclusiva de pocos que enriquece a algunos y empobrece a muchos; es la causa principal del agotamiento del mundo natural por apropiación competitiva. La apropiación privada es un acto de exclusión y no de respeto de las necesidades del otro, desconociendo la legitimidad del otro sobre esa misma propiedad. El pensamiento lineal encubre todo esto con terciopelos de racionalidad, justificando como si fueran naturales las grandes concentraciones de riquezas y las guerras que se realizan para acrecentarlas y defenderlas, y reprimir a aquellos que se levantan en su contra desde el dolor y la desesperación de su marginalización y atropellos a su identidad y dignidad.

Pensamiento sistémico

Frente a estas trampas del pensamiento lineal que todo lo justifica con aparente racionalidad ocultando aquello que verdaderamente da origen a los diversos procesos, es necesario levantar con fuerza el pensamiento sistémico que nos muestra que todo cambio en las estructuras locales, que todo problema, surgen siempre en el marco de dinámicas coherentes con la totalidad que esos procesos locales integran.
El pensamiento sistémico revela las relaciones que determinados procesos tienen y que sobrepasan las simples circunstancias particulares. Los procesos humanos nos muestran la multiplicidad de los dominios de existencia que hombres y mujeres, y los sistemas que constituimos, tenemos. Y con ello la variedad de relaciones causales producto de nuestros diversos ámbitos de acoplamientos estructurales en que interactuamos. Desde esta perspectiva el enfoque sistémico ve lo local en relación con el contexto general en el cual está inserto. Aquí juega un rol fundamental en el conocer el "yo" consciente que construye puntos de vistas necesarios para percibir el entorno que rodea y gatilla los proceso que trata de conocer. Comprender esta situación es lo que permite superar el pensamiento lineal como forma tradicional de pensar y enseñar en la universidad y en el sistema educacional en general, integrando pensamiento sistémico con pensamiento lineal.

El razonar lineal es efectivo en la operacionalidad local pero su fundamento relacional adquiere efectividad real sólo cuando acompañado del pensar holístico, permite ver sus coherencias sistémicas con la sociedad toda y la biosfera desde la materialidad local del vivir cotidiano. De aquí, de acuerdo a Maturana emerge la sabiduría que consiste en vivir en un actuar circunstancial siempre comprendido desde el entendimiento sistémico temporalizado del entorno mayor al cual pertenece.

Sólo desde aquí podríamos comprender la relación que existe entre apropiación privada excluyente del otro con jerarquización patrística, control irrestricto de terceros, competitividad, guerra, rapiña y pobreza. Todo ello con notable ausencia de colaboración, participación, respeto por el otro y armonía natural, los cuales son los legítimos constituyentes de la verdadera vida social de los sistemas humanos.


Por Jaime Yanes Guzmán

martes

¿Cambio de época o época de cambios?


Los cambios de época no son una novedad para la humanidad; el último cambio histórico ocurrió hace más de 200 años, cuando la Revolución Industrial condujo a las sociedades desde el agrarianismo hacia el industrialismo, generando incertidumbre, discontinuidad, inestabilidad, desorientación, inseguridad, perplejidad y, por lo tanto, vulnerabilidad. Ahora, tres revoluciones--sociocultural, tecnológica y económica--están haciendo obsoleta la época del industrialismo y forjando la época del informacionalismo o sociedad de la información y el conocimiento.
Pero, ¿qué es una época histórica, cuándo cambia una época, y por qué diferentes grupos sociales y organizaciones de desarrollo se quedan vulnerables durante este fenómeno? Estas son preguntas fundamentales para comprender la génesis del actual cambio de época y la forma cómo este fenómeno aporta vulnerabilidad a todas las organizaciones de desarrollo.

El concepto de época histórica
Una época histórica es caracterizada por la dominación de un sistema de ideas, un sistema de técnicas y una institucionalidad--mecanismos institucionales--que viabiliza ambos sistemas. Por ejemplo, la época histórica del industrialismo pasó a caracterizarse por un sistema de ideas dominante, sintetizado por la metáfora de una máquina para interpretar el mundo y actuar sobre éste. Su sistema de técnicas está constituido por las tecnologías materiales--mecánicas, químicas y eléctricas--que han impulsado el paradigma del desarrollo industrial. Su institucionalidad fue establecida en torno a los Estados-Naciones, que deberían tener un alto grado de soberanía y autonomía, para la creación, gestión y perfeccionamiento de las reglas nacionales del juego de acumulación de capital, derivado de la racionalidad forjada por la Revolución Industrial, y del juego de la democracia, que se expandía bajo la racionalidad forjada por la Revolución Francesa.
En marco de las contradicciones propias de un cambio de época, otra época está siendo forjada: la época del informacionalismo o sociedad de la información y el conocimiento.

La génesis del actual cambio de época
La génesis del actual cambio de época está fuertemente asociada a tres revoluciones--sociocultural, económica y tecnológica, cuyos impactos cruzados (no necesariamente compatibles entre sí), están cambiando el sistema de ideas, el sistema de técnicas y la institucionalidad de la época histórica del industrialismo.
Revolución sociocultural
Desde los años 60, un conjunto de movimientos socioculturales está desafiando las bases de la civilización occidental y los valores de la sociedad industrial de consumo. Por ejemplo, los movimientos feministas, ambientalistas y por los derechos humanos, justicia étnica, igualdad social y participación democrática denunciaron: (i) los muchos absurdos derivados de la época del industrialismo, (ii) la vulnerabilidad de la humanidad y del Planeta, y (iii) la necesidad de un desarrollo sostenible. La preocupación es por la sostenibilidad de todas las formas de vida en el Planeta. Los cambios que tienen origen en esta revolución sociocultural, como la cuestión de la participación, la equidad de género, la valorización de lo social, la igualdad social, los derechos de las nacionalidades indígenas, la justicia étnica, la conservación de los recursos naturales, los derechos de los niños, el desarrollo humano, las redes de solidaridad y el desarrollo sostenible en general, no pertenecen a la época del industrialismo; ellos están cambiándola bajo una visión sistémica de mundo.
Revolución económica
A finales de los años 70, la crisis económica iniciada por dos choques en los precios del petróleo reveló el agotamiento del régimen de acumulación de capital de la época del industrialismo. Desarrollado en torno a una economía productiva basada en factores tangibles--tierra, capital y trabajo, y dependiente del Estado-Nación para las reglas nacionales del juego de acumulación, el régimen de acumulación del capitalismo industrial entró en crisis irreversible. Eso dio inicio a la formación de un régimen de acumulación de capital, de naturaleza corporativa, de carácter transnacional, de alcance global y dependiente de un factor intangible--información. Los cambios derivados de esta revolución económica, que integran a la llamada globalización
Revolución tecnológica
A mediados de los años 70, se inició una revolución en torno a la tecnología de la información, que ha influenciado otras revoluciones científicas y tecnológicas y ha penetrado a la mayoría de los medios y formas de comunicación. La dimensión microelectrónica de esta revolución hace posible la concepción de redes virtuales capaces de comprimir y eventualmente desmaterializar el tiempo histórico y el espacio geográfico. Por primera vez en la historia, la información es simultáneamente insumo y producto. Los cambios derivados de esta revolución tecnológica--la formación de redes virtuales, la integración electrónica de formas (texto, sonido e imagen) y medios de comunicación, la propuesta de la agricultura de precisión, la creación de oficinas-en-red, los libros virtuales, los espacios inteligentes (edificios, fábricas, oficinas y residencias, cuyas funciones básicas son manejadas por computadoras independientes de un operador humano) y el terrorismo cibernético, no pertenecen a la época del industrialismo, ellos viabilizan muchos de los cambios derivados de las revoluciones sociocultural y económica, bajo una versión sofisticada de la visión mecánica de mundo.

Las visiones del mundo y la construcción del futuro
Todo cambio de época genera conflictos y contradicciones, como resultado del enfrentamiento dialéctico entre diferentes visiones de mundo, que compiten entre sí para prevalecer en la época emergente. El actual cambio de época nos es una excepción
La visión mecánica del mundo, propone la metáfora de una maquina para interpretar al mundo: el mundo es una maquina racional.
La visión económica del mundo.- Intenta remplazar la metáfora de la maquina por la metáfora del mercado: el mundo es un mercado sin sociedades ni ciudadanos.
La visión holística del mundo, propone la metáfora de un sistema: el mundo es un sistema complejo multidimensional e interdependiente, cuya dinámica incluye múltiples funciones, conflictos y contradicciones. Bajo esta visión, las diferentes formas de vida son igualmente importantes, y los seres humanos son percibidos como ciudadano y gerenciados como talentos humanos.

tomado del Proyecto Nuevo Paradigma

viernes

NUEVOS ENFOQUES PARA EL DESARROLLO DE LAS MYPEs

En el presente artículo me voy a referir básicamente a los nuevos enfoques en materia de estrategia para el desarrollo competitivo de las PYMEs, por lo tanto no me voy a detener a comentar sobre la importancia que tienen estas unidades productivas para el crecimiento económico y social del país.

Si me interesa destacar que el desarrollo de las PYMEs exige una revisión de cómo la estructura económica y administrativa de un país fomenta su desarrollo, justamente sobre este aspecto quiero detenerme y como los nuevos enfoques exigen una adecuación profunda para los países en vías de desarrollo.

Se desprende de estos nuevos enfoques que el crecimiento de las condiciones de competitividad para las PYMEs depende de sí se logra desarrollar lo que se denomina un "sistema país" y este se orienta como un todo al crecimiento.

¿Qué quiere decir esto de "sistema país"?. Este es un aspecto central para comprender la nueva dinámica del desarrollo competitivo. Se hace cada vez más evidente (aunque algunos sigan pensando lo contrario) que el desarrollo no depende de las capacidades individuales de las empresas, sino que es cada vez más dependiente de la capacidad de todo un país para trabajar como un sistema. Es decir: diferentes componentes de un país interactuando, complementando funciones, intercambiando información y conocimientos, definiendo políticas concertadas, etcétera. En el sistema país deben participar, por supuesto las empresas, pero también el Estado, las universidades, los
centros tecnológicos, las organizaciones de la sociedad civil, los
agentes financieros.

Reflexionando y tomando en cuenta estos comentarios es necesario generar iniciativas para constituir una red de innovadores para el desarrollo empresarial en nuestra región, integrando las acciones de las universidades, estado, empresas y organizaciones sociales, primero para realizar un plan de competitividad que nos permita identificar nuestras ventajas comparativas y competitivas del mismo modo mercados potenciales tanto nacional e internacional.

El mundo se vuelve cada vez más complejo e interdependiente, debemos ser proactivos planificando nuestra interconexión con el mundo.

¿Qué es el Pensamiento Sistémico?

El pensamiento sistémico es la actitud del ser humano, que se basa en la percepción del mundo real en términos de totalidades para su análisis, comprensión y accionar, a diferencia del planteamiento del método científico, que sólo percibe partes de éste y de manera inconexa.

El pensamiento sistémico aparece formalmente hace unos 45 años atrás, a partir de los cuestionamientos que desde el campo de la Biología hizo Ludwing Von Bertalanffy, quien cuestionó la aplicación del método científico en los problemas de la Biología, debido a que éste se basaba en una visión mecanicista y causal, que lo hacía débil como esquema para la explicación de los grandes problemas que se dan en los sistemas vivos.

Este cuestionamiento lo llevó a plantear un reformulamiento global en el paradigma intelectual para entender mejor el mundo que nos rodea, surgiendo formalmente el paradigma de sistemas.

El pensamiento sistémico es integrador, tanto en el análisis de las situaciones como en las conclusiones que nacen a partir de allí, proponiendo soluciones en las cuales se tienen que considerar diversos elementos y relaciones que conforman la estructura de lo que se define como "sistema", así como también de todo aquello que conforma el entorno del sistema definido. La base filosófica que sustenta esta posición es el Holismo (del griego holos = entero).

Bajo la perspectiva del enfoque de sistemas la realidad que concibe el observador que aplica esta disciplina se establece por una relación muy estrecha entre él y el objeto observado, de manera que su "realidad" es producto de un proceso de co-construcción entre él y el objeto observado, en un espacio –tiempo determinados, constituyéndose dicha realidad en algo que ya no es externo al observador y común para todos, como lo plantea el enfoque tradicional, sino que esa realidad se convierte en algo personal y particular, distinguiéndose claramente entre lo que es el mundo real y la realidad que cada observador concibe para sí. Las filosofías que enriquecen el pensamiento sistémico contemporáneo son la fenomenología de Husserl y la hermeneútica de Gadamer, que a su vez se nutre del existencialismo de Heidegeer, del historicismo de Dilthey y de la misma fenomenología de Husserl.

La consecuencia de esta perspectiva sistémica, fenomenológica y hermenéutica es que hace posible ver a la organización ya no como que tiene un fin predeterminado (por alguien), como lo plantea el esquema tradicional, sino que dicha organización puede tener diversos fines en función de la forma cómo los involucrados en su destino la vean, surgiendo así la variedad interpretativa. Estas visiones estarán condicionadas por los intereses y valores que posean dichos involucrados, existiendo solamente un interés común centrado en la necesidad de la supervivencia de la misma.